Cada obra aquí es un ensayo visual: un gesto de ruptura, una pregunta abierta, una exploración del cuerpo, la edad, el deseo y la norma.
Mi portafolio no es un catálogo de estilos, sino un territorio en disputa: entre lo íntimo y lo político, lo bello y lo impuesto, lo visible y lo que se oculta.
La fotografía, el collage y la pintura convergen como lenguajes para desarmar lo aprendido y trazar otros futuros posibles.
Este es un espacio donde la imagen ya no adorna: incomoda, interpela, transforma.