Hace quince días se acabaron mis escritos que tenía guardados desde hace 11 años, todos estos los fui publicando uno a uno en mi blog y sucedió como si fuese una de tantas señales divinas de un cierre de ciclo, pues al publicar el último, comenzaron los cambios.
La niñera de mis hijos se va después de dos años, comienza una chica nueva a trabajar como mi asistente con un nuevo modelo de administración apoyado por primera vez formalmente por mi madre, me preparo para el segundo taller de "Calzonudas", el cuál ha sido una experiencia novedosa en mi carrera, estoy más soltera que nunca pero más acompañada que en toda mi vida.
Al sentarme a comenzar este texto, sentí el peso de los cambios ocurridos en 11 años, en las redacciones anteriores tenía ya un estilo definido que fue surgiendo conforme iba narrando, pero en esta ocasión estas leyendo a una persona totalmente distinta, que además hace esa cantidad de años que no escribe para expresarse.
Trabajo en un periódico local, lo cual me ha llevado a hacer de las letras algo recurrente, pero en ninguna de estas publicaciones he sido Irina Márquez en cuerpo y alma como lo seré aquí.
Esta será una nueva aventura que esperaba con ansias, me puse de meta empezar a compartir desde que se terminaran los escritos anteriores, así, estuve analizando cada uno de ellos y generalmente los leía con admiración por aquella persona que era y por su forma de proyectar todo lo que vivía.
Esta Irina tiene mucho que decir y me disculpo si en un principio mi forma de expresar no es tan atractiva como la anterior, estoy encontrándome siempre en cada cosa que hago.
Los ciclos están presentes todos los días, a cada momento se cierra uno, incluso en el instante donde apagas tu computadora para cerrar tu día de trabajo o cuando te vas a dormir.
Nuestro sistema celular está diseñado para rediseñarse y regenerarse, cada instante vamos dejando células y reemplazándolas, al cabo de los días somos ya una persona nueva en todo el sentido de la palabra.
Es cuando entonces me pregunto, ¿Por qué los pensamientos quedan? Y bueno estos enlaces neuronales sobreviven a todo el cambio que sufre el cuerpo, algunos recuerdos se sienten cómo si estuvieran ocurriendo ahí.
Es por eso que, así como la célula muda, esa pequeña acción que cambias o pensamiento que alternas, será significativamente cuántico a la hora de querer transformar algo en ti o en tu vida.
No es casualidad que haya estado escuchando “Hábitos atómicos” de James Clear, pues a pesar de que estoy en un periodo de cuestionamiento espiritual, sigo convencida de que mi yo del futuro me envía los mensajes.
No tengo ansiedad por ser ella, esa mujer del futuro, quiero ser la Irina Márquez de este instante, porque cuando se vaya diré con amor, esa fui yo y me ayudó a ser quién soy ahora.
¿Qué loco no?...