Hay un fenómeno que siempre me ha sorprendido mucho, pero ahora que estoy estudiando belleza es aún más enigmático para mí, el apego al cabello; de chicas mi madre nos cortó el cabello porque tenemos mucho y se le dificultaba peinarnos, yo recuerdo haber hecho un gran berrinche por eso, pero sobrepasé la crisis y a tal grado que nunca he vuelto a tener la sensación de apego hacia él.

Mi búsqueda del estilo y la experimentación en mi imagen me han llevado a crear montones de cortes, tintes y peinados, todos han sido una experiencia distinta, contrario a lo que se podría creer han sido cambios profundos que no tocan sólo la superficialidad, en esencia la vivencia es al contacto con la gente; cuando salgo del salón las personas me miran de cierto modo, algunas hacen comentarios realmente motivadores, otras reflejan su rechazo a lo diferente y hacen caras o se burlan, es de ese fenómeno del que me sorprendo cada vez que realizo un cambio.

Entre mis compañeras en la escuela de belleza, hay algunas chicas que usan su cabello largo y recto, yo respeto sus ideas, solo quiero mencionar su sentir porque es sobre ese del que me enfoco en esta columna, al hacer los ejercicios de corte, nos apoyamos unas a otras realizándonos cortes, las chicas de cabello largo estaban aterradas con la sola idea de pasar el centímetro de desprendimiento, fue cuando yo me corte el cabello muy corto, cuando algunas soltaron un poco esa inclinación y optaron por arriesgarse más; “el cabello crece”, esa es la frase cuando en esos momentos en donde la estilista se pasó de la raya, utiliza para dar el consuelo, y yo soy de las que promueve que no sólo el cabello crece, sino también la forma de pensar y la vida cambia, todo debe estar en constante movimiento, el cabello, las cosas, la forma de ser.

El cabello sólo simboliza aquellas ideas con las que crecimos arraigados, se conoce a una ciudad por sus cabellos, ciudades en donde hay muchas novedades y colores, otras en donde todos usan lo mismo y algunas más en donde existen los extremos.

En México, el machismo ha sido una cultura que ha trascendido por años, hemos evolucionado en gran parte, pero en cuanto a la idea de que el hombre mantenga, que dirija un hogar y que lleve “los pantalones” es un ancla que todavía no vencemos, esto se refleja con la idea de dejar de ser bonita por cortarse el pelo, cual sansón las chicas viven temerosas de perder los centímetros de sus cabellos como si fuera el único atractivo que como mujer posee, es el cabello el que me ha enseñado a no aferrarme a una idea, tiempo o espacio en el que estoy en mi vida, me muestra también como dentro de la versatilidad que tiene puedo transformarme y crecer, como puedo distinguirme sin esforzarme por seguir la corriente, encontrar grandes cualidades que me definen en femenino, aún con el cabello corto.

Mis compañeras después de experimentar sus nuevos estilos, han cambiado en muchos aspectos, son más arriesgadas y atrevidas, algunas me siguen sorprendiendo al mencionar que ven con nostalgia a las chicas en el transporte público que tienen el cabello largo y replican, que bonito cabello, como si ellas fueran miserables por haberse hecho un cambio, cuando yo lo que veo, son unas damas contemporáneas, modernas y más atractivas, al final no son los ojos los que ven, sino el contexto social dentro de nuestro cerebro.

Despegarse del cabello no es cortarle la belleza a una mujer, es un paso en al cambio de una vida, de ahí se puede romper el mito y llegar a tomar una nueva fuerza, ¿qué loco no?