Estas fechas me recuerdan aquellas platicas dramáticas en las que nos sumergimos de manera cotidiana, en donde le contamos al vecino lo mal que esta la situación, o ese escenario que recordamos a menudo con nuestros amigos que nos hace revivir ese coraje que sentimos; darle vueltas a las peores historias puede convertir a un personaje aburrido en uno muy cotizado, a eso yo le llamo amarillismo social, es notorio que las conversaciones de cosas positivas no son tan populares o tan desarrolladas como las otras.
La vida está llena de momentos, clasificarlos en buenos o malos no tiene sentido, pues de cualquier manera ese inventario no sacará ninguna ganancia; la tendencia a exagerar o insistir con la misma historia trágica no es exclusiva de unos cuantos, todos realizamos la labor de infundir el miedo en otros acerca de algo o alguien, no se hace con intención o por lo menos no en gran parte de los casos, pero al platicar nuestra triste historia frecuentemente, no solo se estará clamando por una situación similar, sino que además se crea una influencia negativa en la que el oyente forma una imaginaria nube negra en su cabeza para detonar rayos y centellas durante su día con la gente que le rodea.
Es importante desahogarse, no estoy negando la necesidad del ser humano de sacar todos sus pesares y preocupaciones para poder liberarse, sin embargo, quedarse como disco rayado o continuar con el mismo cuento durante, semanas, meses o incluso años, puede llegar a volverse parte de un personaje estereotipado por amigos, familiares e incluso nuevos conocidos; todos habrán escuchado la historia del… y así le platican a otros el infortunio que es parase junto a esta persona que insiste con manejar una situación difícil de la que además físicamente salió hace tiempo, pero que no quiere terminar.
Darle vuelta a la página será la mejor forma de entrar con una “renovada etapa”, “un nuevo ciclo” o una “historia mejor”. Es mejor dejar lugar para nuevos acontecimientos, ya que el estar estancado en el pasado solo impide que vivas el presente y de ese disfrutar hasta el último error y desgracia, paradójicamente los nuevos retos pueden ser regocijantes cuando se deja una pesadilla atrás.
Utilizar rituales, ir al psicólogo, hablar con un maestro espiritual, gritar en un espacio vacío, romper cosas, pegarle a la almohada, etcétera hay infinidad de métodos para deshacerse de una pesada carga, dar lugar a nuevas y variadas experiencias que crearán historias más creativas de horror muajajajjajajaj…¿Qué loco no?