Las rutinas y el diario vivir dan una pauta para seguir una vida llena de responsabilidades, preocupaciones, estrés, así como muchas otras, que poco a poco pueden llegar a sumergir nuestro entusiasmo para desencadenar, depresiones, desanimo o falta de motivación.
La realidad muchas veces es confundida con negatividad, se llega a creer que incluso es un mal necesario; vivir con seriedad no es sinónimo de vivir enojados, tristes o con una actitud pesimista. Ser responsables no implica estar con el alma en un hilo, esto no se refiere a dejar a un lado todo, ignorarlo y ser egoístas, solamente se trata de la forma en que se enfrenta la vida diaria, utilizar estrategias que puedan lograr un cambio de rumbo, así por lo menos clarificar un poco la mente, el alma y el corazón.
En lo personal me funciona mucho hacerme un disfraz, dada mi condición de diseñadora y loca, se me facilita el hecho de tener entre mis curiosidades elementos que me convierten en una persona diferente cada vez que quiero, por lo menos físicamente se encuentra en esa cualidad una posibilidad de cambiarse también interiormente; la teoría de cambiar de adentro hacia fuera es una excelente pauta a seguir y por supuesto la oficial para el mundo científico, sin embargo mi propuesta viene de intervenirse con cambios que inicien con el exterior.
No me refiero solamente a cambios convencionales, cortarse el cabello, cambiar de estilo, renovarse, sino a toda la gama de personajes que puedes ser, ¿porque no? Salir como un demente a la calle vestido de pollo, usar un zapato de uno y otro de otro, ponerte ese color que nunca te pondrías; es realmente impresionante ver la reacción de los demás hacia lo “coherente” que por cierto en alguna época llegó a ser lo más alocado, ¿no has pensado como te mirarían en la época victoriana usando pantalones de mezclilla y una blusa o camisa “normal”? todo depende básicamente del contexto, es como aquello de utilizar un traje de baño en la playa, pero si se llegara a utilizar en el cine, entonces se convierte en ropa interior, todas las realidades terminan siendo falsas, paradójicamente la verdad la hace aquello que se considera mentira, si se cree que algo no es “correcto” entonces deja de ser una opción válida y todo eso es tachado para convertirse en falsedad.
Una experiencia que me cambio la vida, que además me hizo llegar a la conclusión que comparto, es la de los médicos de la risa; en este grupo el procedimiento de ingreso es bastante serio, se toma un curso especializado de payaso y a la vez se imparte toda una metodología para intervenir un hospital como visitante, sin llegar a ser intrusivo o dañar el ambiente así como los pacientes, después de varias prácticas por fin puedes visitar, siempre con un acompañante a los internos, para robarles cada vez una buena sonrisa. Contrario a lo que se piensa hacer reír es una labor muy complicada, pero lo que rescataré de esta vivencia en esta ocasión, es que la enseñanza principal, viene de reírse de sí mismo, crear este disfraz en donde es válida la ridiculez y en esta transición se encuentra una bella catarsis, que te hace despojarte de todas las realidades, incluso la del hospital que es tan dura, es como el traje militar con el que se va a la guerra, ese que determina el rango, ayuda al cabo a camuflarse entre la selva, o que permite al soldado, ser un personaje distinto.
Atreverse es lo más complicado, un maestro de “Clown” decía “los humanos le tenemos más miedo al ridículo, que a la muerte”, yo invito a probar estas técnicas del disfraz para cambiar una desdichada realidad, no va a hacer milagros, pero ayudará a valorar otras cosas y es 100% seguro que alguien sonreirá… ¿qué loco no?