Cuando comienzas a hacer algo nuevo en la vida, incluye todas las formas de “Hacer”, se abre una puerta a una dimensión, “te conviertes en un recipiente vacío en donde el universo vierte su sabiduría” y parafraseando a Doreen Virtue, entras a un nuevo territorio, por lo tanto eres como un niño que comienza a explorar formas nuevas, estas abierto, atento, sencillo, humilde, vez desde abajo, aquel cúmulo de aprendizaje.

En la etapa de iniciar una relación, comenzar un nuevo trabajo, llegar a un lugar nuevo, probar un bocado desconocido, entre otras maneras de emprender, todo parece ser sorpresivamente atrayente, divertido e inusual; conforme pasa el tiempo, avanzas en la práctica o conoces más del tema, las situaciones (incluyendo relaciones e interacciones con cosas) se vuelven comunes, simples, ordinarias, y terminan haciendo una rutina, aún con la pasión que lleve de por medio hay un dejo de cotidianeidad en ello; siempre hay algo que te motiva, pero a lo que voy con todo esto es que llega el momento, en que si alguien nuevo llega y no sabe nada al respecto suceden dos cosas: te alienta a ser el maestro o te incita a convertirte en el sabelotodo, las dos implican ego y vanidad, solo que la primera es más noble , además de apoyar en una misión, de cualquier manera, es hasta cuando alguien más experimentado llega, que la nube se disipa y vuelves a ser el imberbe aprendiz, o el desplazado, para esta ocasión solo hay de dos sopas o te muestras accesible a lo que los demás te pueden enseñar, o como se dice vulgarmente, pierdes el piso.

Nada de lo que sepamos hacer en nuestros puestos, carreras o en la vida nos hace superiores a las demás personas, puedes mostrar tu punto de vista, pero en este caso el consejo de una amiga mía fue mejor quédate callada, supongo que ese no es mi estilo, pero, las personas, cuando no te piden el consejo, nunca aceptarán tu opinión, es más la mayoría de las veces, ni cuando te lo piden; sucede porque también esta ese tipo de egolatría, el saberse ignorante pero disfrutar de ello y mantenerse así, porque es una cómoda posición que además redunda cuando la persona dice que tiene defectos, emociones contenidas o situaciones indeseables pero que prefiere seguir así; todos entramos en esas categorías hasta cierto punto, pero como lo he comentado en columnas anteriores, cada quien tiene su escala; cuando tu pies ya están tocando el cielo es importante recordar quién te impulsó, como llegaste y si realmente haz recorrido buen tramo como para sentirte tan ligero.

En la Egolatría esta la dicha de sentirse deseados, útiles, poderosos, invencibles, hasta un cura puede pecar de ego; encontramos incluso en una victimización, una forma de atraer la atención, pero lo que más me llama la atención son esas situaciones en las que eres aprendiz en la vida, luego se presenta una oportunidad y el rumbo cambia, ese minuto de fama convierte prioridades, intenciones, incluso actitudes que antes se tenían presentes, sobretodo la humildad.

Hay que recordar que siempre tenemos que abrirnos como capullos para poder siempre desarrollarnos continuamente, nunca hay suficiente conocimiento, habilidades o destrezas, en cada oportunidad hay una bomba de posibilidades, que están esperando ser detonadas por la humildad; veo como muchas personas a mi alrededor, pierden el piso por una circunstancia que los llevo a un lugar, como si esa fuera la meta; se van volando impulsados por propulsores de ego hacia otro planeta, se desvían, mientras el camino es largo y además nunca termina…¿Qué loco no?