“Abstente de hacer lo que deseas y podrás entonces hacer lo que te plazca”, esta frase ha dado vueltas y vueltas durante la semana en mi cabeza, la encontré cuando retome mi lectura de Autobiografía de un Yogui y sale de una historia muy peculiar, un Santo en la india que andaba siempre desnudo entra una mañana por error a una tienda que pertenecía a un jefe musulmán, el pequeño relato dice que asusto a unas damas y al defenderlas el guerrero le corta el brazo a Sadasiva que es el nombre del Santo, sale de ahí y el musulmán lo sigue con el brazo, se lo entrega, Sadasiva se pone el brazo, el guerrero arrepentido por sus actos, le pide una lección, fue entonces cuando el maestro le escribe en la arena esta mendiga frase que no me ha dejado dormir, dice la historia que el guerrero musulmán se convirtió en su discípulo, el libro le atribuye a esas palabras un poder purificante “el consejo contenía la guía para alcanzar la liberación del alma mediante el dominio del ego”.
Después de rebotar la idea, caí en cuenta que las voracidades en muchas ocasiones terminan dominándonos, tenemos muchas excusas e interminables formas de escapar a la realidad, pero finalmente cedemos al hermoso “deseo”, no lo quería ver porque obviamente hay apetitos poderosos en mi vida que tienen voluntad propia, aún así, siento que las lecciones de este tipo solo las accionamos por una experiencia determinante o por consciencia diaria, no como el tan sonado un día a la vez, sino como el: no necesito, porque no quiero. ¿En cuantas ocasiones el deseo bloquea nuestro progreso?, por una comodidad a corto plazo terminamos acudiendo a posponer planes, ideales o cualquier cosa que queremos con verdadera fuerza en nuestro interior, es tan simple como por ejemplo, si traes 10 pesos en la bolsa y ves un artículo que te causa la intriga de comprarlo, a veces paras y piensas en lo que realmente quieres o necesitas, pero otras tomas el objeto, recurres a la instantánea ambición que te da tenerlo, sentirlo o disfrutarlo, pasados de 30 a 60 minutos comienzas a recordar que lo que quieres es ahorrar, porque ahorrar te puede llevar a otras partes, me refiero a lugares, cosas, personas, pero de esos 10 pesos sólo queda el recuerdo, no hiciste lo que querías, hiciste lo que en el momento deseabas.
Así vamos por la vida cumpliendo deseos llevando la bandera grabada con una leyenda que dice: hay que vivir el presente, hay que disfrutar mientras se pueda. Pero ¿realmente tienes poder de decidir lo que quieres? No tiene que ser una tortura medieval el decirle a tus caprichos que no, puedes intentar persuadirte, trata con argumentos convincentes, sirve posponer los deseos porque éstos pasan, es ahí donde se diferencian de los verdaderos intereses.
Yo tengo mis batallas contra varios mezquinos incitadores, pero como he mencionado en otros artículos, luchar contra lo que te hace mal no es la respuesta, déjate llevar y sé compasivo contigo mismo, más no consecuente, porque la diferencia es que puedes perdonarte por tener carnívoros anhelos, pero no te permitas dejarte llevar hasta el fondo de ellos, en este caso la culpa devorará tu autoestima, mejor avanza con pequeños pasos dejando el deseo y éstos, te llevarán a hacer lo que te plazca…¿qué loco no?.