En cada parada que hacemos en la vida vamos dejando equipaje, algunas veces se trata de un tenedor, una casa o algo más grande o de mayor valor; pero ¿qué significado le damos a todas esas cosas que vamos dejando en el camino y que han venido a aportar?, tratándose de objetos nuestras reflexiones pueden ir cargadas de recuerdos, ideas, situaciones emocionales que le imponemos a todos esos bultos que cargamos.
La diferencia está cuando se trata de personas, una gran compañía, una hermosa y genial persona que te hacía reír disfrutar y soñar, no es como un celular que cambió de modelo y ya no está de moda; se trata de una situación que lleva consigo una energía especial; tal vez un amor, un lugar, un trabajo, un amigo, tantas posibilidades dejadas atrás, muchas de las que inclusive no fueron voluntarias; pero nada impedirá que en ese corazón viajen los grandes momentos; llevas como un hechizo parte de esa persona hasta el final, no puedes evitar haber tomado su esencia y ser un poco ese o esa que fue contigo.
Después las historias se repiten y dan vueltas sin parar, regresan los que siempre estarán, aquello que se marchó, solo lo hizo en presencia física, porque en ese lugar está su fantasma y no es un espectro de mala güero; es una estela de bendiciones que colmaron tu vida, aún con sus implicaciones caóticas, esas ilusiones tomaron forma, jugaron ese rol por ti para crear una pauta, un estándar; tal vez una señal.
Nunca voy a entender la separaciones hasta dejar de verla con los ojos, porque es una forma muy banal de entender el mundo en el que vivimos; espero al final del camino poder apreciarlas igual que los nacimientos fortuitos de inmensas alegrías, allá del otro lado deben ser igual…por lo pronto solo hay que decir, gracias por el rol que jugaste por mí, por favor, ve en paz…¿Qué loco no?