Esta columna se la quiero dedicar a mi madre, tal vez mis lectores digan, y a mi ¿Qué rayos me interesa tu mamá?, pero tal vez en un punto se identifiquen conmigo, además es una mujer de la que todos podemos aprender algo y aún más de la situación.

Voy a tratar lo menos que pueda usar cursilerías, pero no puedo evitar ponerme emotiva cuando hablo de ella.

Esta mujer de la que les platico, es muy femenina, recuerdo en sus tiempo de juventud, cuando me crio, era muy cuidadosa de los detalles, se arreglaba muy bonita, siempre y hasta la fecha ha mantenido su porte, su belleza, su individualidad, precisamente en esta última característica es donde quiero dar el mensaje, pienso que toda mujer debe siempre mantener su personalidad intacta; generalmente al tener una pareja, hijos, incluso un trabajo, se tiende a descuidar esa parte.

Mi madre como toda mujer ha sufrido algunos temores en su vida, algunos muy fuertes que la han llevado a hacer cosas a un lado que tal vez ella quería realizar; cuando niña ella vivió un tipo de educación muy diferente a la que en estos tiempos se da, según sé a mi abuela le fue peor, pasó en muchos hogares de aquellas épocas, cuando se enseñaba a cintarazos y gritos, mi abuela era muy estricta, tal vez dejó algunas huellas que ella ni siquiera sabe que están, con los años mi madre ha ido curando su corazón de esas heridas, ha sido compasiva por la única forma que conocía su madre de educarla.

Algunas veces juzgamos a las mamás, yo la juzgué, en ocasiones la señalé, incluso la insulté, no puedo recordar el sentimiento que me llevó a hacerle eso, ahora por más negativo que este sea, por más difícil que sea su posición, no puedo evitar comprenderla, respetarla, sentir empatía en ocasiones y es como si fuera otra opinión en mi mente, pues es mi guía para decidir muchas de las cosas que realizo, a veces no comprendo sus conceptos o estándares o no logro alcanzarlos, mi mayor reto es que ella se sienta orgullosa, cuando hago algo significativo lo primero que pienso es platicarlo a mi familia, pienso en la reacción de mi madre y eso me da la idea de que voy por buen camino o que estoy errando, es como un medidor, incluso si su reacción es renegada, lo veo como una señal de que debo trabajar más en ello; su intuición es fuerte y protege, una madre lleva su sexto sentido como un reloj, que suena en cada ocasión que debe prevenir.

Cada uno debe sanar cualquier herida con su progenitora, en esa sanación está la autonomía; en alguna ocasión vi una película que se llama “el club de la buena estrella”, me sirvió mucho, comprendí que las madres te heredan su espíritu, es un linaje que va de generación en generación, independientemente de que tus actitudes o tu físico no se parezca al de ella, la energía que ella impregnó en ti causará estragos en tu vida, no es su culpa, simplemente es. Para liberarla y liberarte, haciéndola sólo una hermosa partícipe de tu vida, dejando ir sus temores que no son los tuyos, todas sus deudas kármicas, puedes apoyarla mostrándole el camino, limitar sus decisiones sobre ti, porque verás, para ellas somos como un órgano más en su cuerpo, tal vez tengas todo tu cuerpo completo, pero si alguna vez perdiste un diente, una uña, cabello o cualquier parte de tu organismo, es lo mismo para ella, fuiste parte de ella durante nueve meses.

Así como llevó su tiempo de incubación crearte, así lleva su tiempo crear un espíritu nuevo, el de ella y el tuyo, pero cuando llega es una sensación de eterna armonía, disfruta a tu madre lo más que puedas, la mía me enseñó la hermosa alegría, la creatividad y una sana demencia… ¿Qué loco no?