He notado que conforme pasan los años la pregunta de, ¿cuándo te casas? se convirtió en, ¿ya te casaste? Y se agrega a esta la nueva de, ¿pero, no tienes hijos?, nótese el pero con asombro; estar soltera a los 30 es, al menos en el lugar donde vivo, un símbolo de fracaso, pareciera que tienes mala suerte, o que no eres nominada para un concurso de belleza, incluso podría comparar la situación con el hecho de obtener un distinguido ascenso en un trabajo.
Es impresionante ver cómo muchas mujeres lejos de casarse por amor o convicción, lo hacen para manifestar cambios en sus vidas, para salir de sus casas, conseguir un ingreso más estable o para no hacer otra actividad que involucré uso de razón y empuje. Pensando en que tener un marido es un seguro de estabilidad económica, muchas mujeres entran en la dinámica con rapidez, bajan sus estándares para conseguir el documento, cual si fuera un título de universidad, luego, pasa lo siguiente, tienen hijos y andan por ahí sufriendo las incoherencias de las acciones mismas de esas madres que no previeron que un hijo es un ser humano que requiere amor, cuidados, paciencia y mucha dedicación, un trabajo mucho más difícil del que pudieron escapar a través del matrimonio; ¿Qué pasa cuando los hijos están?, hay que comenzar a trabajar y muy duro para apoyar en los gastos, pues resulta ser que el individuo elegido no resultó tener la empresa que te prometió, una empresa en donde ibas a ser la jefa, sucede todo lo contrario, el trabajo se extiende en diversos turnos, pues ahora hay que limpiar la casa, cuidar hijos y ayudar con el gasto.
Entre todo el cúmulo de presiones los matrimonios truenan como verduras abultadas, los hijos andan sin rumbo y sin dirección, para colmo, ellos, al no recibir orientación siguen la misma ruta fallida, llegan a la "meta" para formar parte de una sociedad, un círculo vicioso que genera pérdidas importantes de personalidad, ingenio, alegría, motivación, desempeño y en masa terminan siendo perdidas monetarias y de desarrollo cultural. El cuento de Disney nos ha influenciado, pero somos nosotros los que fomentamos la realización superficial por medio de los falsos compromisos.
Dejar que el alma vague, encuentre su camino, respire en soledad y aprenda a vivir con sigo misma, ayudara a decidir si formar una familia es un modo de vida a seguir, no un reconocimiento o logro que ayudara a encajar con la sociedad, hay dejar ir los prejuicios para dar paso a la libertad… ¿Qué loco no?
Nota: estos fueron escritos realizados hace 11 años, mi perspectiva sigue siendo la misma, sin embargo ahora tengo compasión por quien piensa o actúa así, cada quien hace lo que puede con la consciencia que tiene, yo aún tengo que trabajar en mis propios límites y prejuicios también, no me casé pero si tuve hijos, entonces ahí fue donde cambió más mi modo de ver a los demás, en especial a las mamás.