He notado que las columnas en donde hablo de historias o de cuentos resultan ser las más asediadas, me llamó la atención porque los humanos tendemos a idealizar cuanta situación se nos ponga enfrente, humanizamos muebles, animales e inventamos personalidades diversas a los que nos rodean, tal vez lo hacemos como forma de protegernos, para sentirnos seguros y creer que encajamos en un entorno; pero pronto las cosas caen por su propio peso, las realidades se disipan, los personajes muestran su verdadera cara y en algunas ocasiones seguimos creando nuevos cuentos, otras veces  los exageramos,  para convertirlos en una versión dramática y de terror; de la misma forma utilizamos estas técnicas para evadir la realidad, caer en un territorio de ensueño o de victimización.

En todas las narraciones ya sea de príncipes, de monstruos o cualquier otra que el ratón orejón nos haya contado, el protagonista es el que se lleva la atención principal, pero hay también distinguidas figuras del mal que son grandes actores que brillan en las historias; todos queremos el protagónico y para esto utilizamos los medios que nos rodean, nadie está exento, algunos platicaran sus terribles vivencias, otros utilizarán la crítica (todos lo hacemos diariamente), algunos más originales realizarán actos inesperados de inmadurez, actualmente la mayoría utiliza el Facebook, pero todos, absolutamente todos, hacemos uso de nuestros instintos más básicos para escapar, tal como lo hacemos cuando nos cubrimos con las manos al ver algo caer, o cuando pegamos un brinco de un susto, simplemente respondemos al llamado de nuestro cuerpo.

Estas últimas semanas presencié una verdadera saga, que incluso la Ilíada y la Odisea le quedaron cortas, después de haber idealizado una hermosa historia de hadas mágicas, todo se derrumbó de un soplo, ya me lo decía el lobo en mi cerebro, soplaré y soplaré y tu cuento derribaré,  de verdad nunca había vivido tal puesta en escena, es más la había hecho de bruja, pero nunca de dragón; supongo que hay que pasar por esos personajes para poder darle lugar a las princesas y que hagan su victimización más real, ahora veo diferente a los malos de mis películas,  creo que fui muy severa en mis suposiciones pasadas, además creo que mi cuento tuvo un final muy injusto, pues tuve grandes aportaciones mágicas que no fueron tomadas en cuenta para definirme como la mala, la honestidad no es solo con los demás, también debemos encontrar en nuestro corazón las verdades y dar una clara perspectiva de ese personaje tosco que un día fue un gran héroe.

Todos tenemos un relato, pero debemos contenernos al interpretar cualquier papel, porque aunque seas solo el cuadro que adorna la sala, siempre estarás formando parte de la historia; también hay múltiples versiones y debes saber que en boca de otros la caperucita no será vista tan pequeña y desprotegida,  como la describen los hermanos Grimm; no idealices ni al príncipe ni a las princesas, pero mucho menos a las hadas madrinas que parecen ser tan tiernas y comprensivas, siempre hay un lado oscuro en todo corazón, pero no quiero ser fatalista, recordar que incluso como mártir tienes responsabilidad , que somos humanos, y no personajes fantásticos,  ayudará siempre a perdonar, tolerar o dar otra oportunidad, porque hasta el peor de los ogros merece un final feliz…¿Qué loco no?