Por las mañanas cuando empieza la jornada, la mayoría acostumbra ir al baño, acicalarse y adornarse frente al espejo, este muestra una imagen alterna de quien somos, una perspectiva que no vemos todo el tiempo, nos ayuda a darnos cuenta si tenemos algún defecto físico, nos guía en nuestras elecciones al vestirnos y por supuesto evita que salgamos con el cabello enmarañado por la calle; ¿qué pasaría si no tuviéramos acceso a dicha herramienta que nos da la pauta para mejorar nuestra imagen?, tal vez al salir alguien más nos diría que pasa con nuestra cara, o como luce nuestro cuerpo, todas estas serían respuestas muy subjetivas dado que cada cabeza es un mundo.

En un supuesto de que no encontráramos la forma de poder vernos físicamente, que no existiera ni el espejo del agua, ni las cámaras o cualquier otra forma, tan sólo quedaría confiar en lo que los demás señalarían en nuestro aspecto, algo que quizá causaría una de dos: que no nos importara en lo más mínimo lo que piensan los demás o: vivir en una constante rectificación de nuestra apariencia, acto del que ya somos esclavos; pero no es la vanidad mi tema, quiero referirme a todos esos aspectos en la vida que se realizan y en su razón de ser, la principal es complacer a los demás.

No existe un ser humano que no realice alguna actividad motivada por la sociedad, muchos negarán esta afirmación alegando lucha interna, ideales y bla bla bla, ni siquiera la introspección se salva de las miradas ajenas, cada cual convierte su diario vivir en un escenario en el que, se es expuesto para ser abucheado, o aplaudido.

Buscamos en cada acción la empatía, amor, reconocimiento, retribución de quien nos rodea, ya sea de familiares, amigos, patrones, nuestra vida depende de las palabras, abrazos, agradecimientos, credenciales, diplomas, dinero, todo cuanto nos haga subir un escalón; es cuando se acaba todo esto que recurrimos a drogas, suicidio o hasta la locura.

Pero hay salvación, no podemos escapar de las exigencias de nuestra sociedad, pues viviríamos exiliados, desnudos y básicamente sin ningún rumbo fijo; la motivación que sigas en tu vida es lo más importante, de preferencia debe basarse en traer paz a ti, así como a los que te rodean, pero en dado caso de que tus decisiones no coincidieran con la segunda opción, a menos que no les causes un daño grave y permanente, no es necesario hacer cambios en tu vida que los demás te soliciten.

Debes tener una reflexión interior sana y clara, que para esto recomiendo apoyarte de expertos, psicólogos, canalizadores o personas que tengan una vida alegre y lo más completa que se pueda; debes alejarte del ego para poder tomar las riendas de tu vida, seguir tu intuición ayudará a confirmar lo que realmente deseas, vas a luchar con el hecho de que tal vez aquella persona que amas no estará feliz con la elección que tomarás, pero eso no debe quitarte vida, consúltalo tranquilamente con la almohada y toma la decisión que en tu corazón resuene, los demás seguirán sus vidas muchas veces sin consultártelo, ellos no sufrirán las consecuencias directas, así que a ti te pertenece la deliberación, por algo el universo nos ha dotado de un libre albedrío.

Observa tu reflejo en los demás cuando te dan un consejo o una opinión, tómala en cuenta, pero recuerda que así como el espejo se queda en casa, las personas que te rodean deben alejarse, dejarte decidir, para que tú elijas el destino de tu vida…¿qué loco no?