Desde chica he vivido en un ambiente de seguridad y confianza, mis papás se encargaron de darme una hermosa libertad en la que depositaban sus anhelos, siempre mantuvieron también sus enseñanzas acerca del respeto, así como de ética y moral, pero lo que más admiro de lo que ellos hicieron en mí, fue la osadía de hacer que siempre me saliera de los estándares, todavía no se cuál fue el momento específico, la lección o el hecho que logró que yo aprendiera a romper con la mayoría de los paradigmas expuestos por nuestra sociedad, tal vez fue por todas las ocurrencias y la variedad de quehaceres fuera de serie a los que nos expusieron a mi hermana y a mí.

Estos los paradigmas existen en todos los ámbitos, también están las barreras que nosotros nos imponemos, esos son los arquetipos que me ha costado deshacer y por lo que he escuchado a los demás también, por mencionar algunos: miedo al compromiso, inseguridad por cambiar de trabajo, disciplina, nuevas metas, nuevos resultados, cada quien tiene su propio menú, pero el factor principal es el miedo de cambiar cualquier situación que se esté viviendo, apego a lo que se le llama “Zona de Confort”, estar en ella es paradójicamente incómodo, pues el apego a lo conocido hace daño a la evolución, al desarrollo de la mente, el cuerpo y espíritu, mata lentamente el sistema que nos sostiene vivos, el estado anímico de una persona depende en gran parte de sus motivaciones, si estas están postergadas o si no encontraron rumbo, poco a poco se marchitan y ceden.

Hay una fábula muy conocida que habla de dos ranas, una fue depositada en una olla de agua templada, la pusieron en una estufa a cocinar, la otra, la intentan meter después cuando el agua ya estaba caliente, la rana que estaba ya en la olla no se da cuenta que el calor fue aumentando, la nueva rana le dice: ¡¿qué te pasa?! Porque estás aquí soportando este infierno y la otra rana no entiende pues con el tiempo que lleva allí, se aclimató, ya no le causaba daño “aparente”; es muy fácil acostumbrarse a cualquier vivencia aún cuando esta sea una carga pesada y desagradable, en ocasiones tiene que ver con el no conocer algo mejor, tener una perspectiva más amplia o un contexto diferente del mundo en el que se vive.

 Salir del entorno, coexistir en otras experiencias con otras personas o rutinas permite que la mente se abra, cambian las conexiones neuronales, las posibilidades resultan duplicarse ante un mundo distinto, el reto: nosotros, pues en cada humano está el libre albedrío, esa decisión sobre uno mismo es la más complicada, hay muchas, tal vez innumerables cosas que no puedes cambiar de tu entorno, pero los cambios personales se pueden realizar incluso, de la noche a la mañana, es más, te reto a dormir en tu cama al revés, justo donde colocas los pies pon tu cabeza, sin mover ningún mueble sólo tu cuerpo, por la mañana seguramente estarás cansado o estresado, pero al cabo de unos días o semanas durmiendo así, tu cuerpo lo tomará como una nueva forma de dormir, terminarás por aceptarlo y crear un nuevo paradigma.

Aceptar que hay gente diferente, costumbres distintas, formas nuevas y originales de hacer las cosas no te causará daño alguno, sólo te dará, un mundo de posibilidades que explorar…¿Qué loco no?

Fotografía por: José Antonio Márquez

Te recomiendo: https://www.facebook.com/photo.php?v=10152393008645338

Y la película: http://www.youtube.com/watch?v=EWga278We5g